Opinión: No me convencieron

Nací en 1999. Fui una niña “normal” a la que le enseñaron que el mundo es de cierta manera y las personas también. Crecí entre risas, juegos y, por qué no decirlo, mucho amor. Dieciocho años después, al recordar esos días, no puedo evitar preguntarme qué me pasó; qué me hizo ser distinta. Si yo era una niña “como todas las demás” ¿por qué, entonces, hoy no pienso “como todas las demás”? Educaron a mi generación para ser “libre”, para ser “ellos mismos” y también para dejar atrás el sentido común, la moral y el libre pensamiento.
Nos vendieron mentiras, pero yo no les creí. La sociedad nos enseñó que no hay límites, que puedes tener todo lo que quieres y que no importa nada salvo lo que te haga feliz. Así, las personas dejaron de ser personas y se convirtieron en lo que cada una decidía ser. Dejó de importar la verdad, la lógica, el compromiso, el bien común. “Eso es normal”. “Todos lo hacen”. “Hay que pasarla bien”. “Hay que ser felices”. Bajo ese discurso estúpido todo es permitido y nada está mal.
Mis dibujos animados, mis canciones favoritas, la publicidad en la calle. Todos me educaron para creer eso. ¿Y saben qué? No lo lograron. Decidí que no voy renunciar a mi sentido común para ser “políticamente correcta”. No señores, yo no creo en #loveislove, no creo en el sexo libre, no creo en el aborto y no creo haber nacido para ser feliz a cualquier precio. Y si tú, que me lees, piensas que por eso soy ‘homofóbica’, ‘retrógrada’ o ‘cuadriculada’, te equivocas.
Piénsalo de nuevo.
Ponte a pensar quién es el prejuicioso aquí, pues yo solo he dicho lo que pienso, y tengo tanto derecho a decirlo como todos los demás. Pero te han educado así, para que aceptes algo y rechaces todo lo que se le oponga. Y, por eso, el intolerante eres tú. Porque no escuchas y juzgas a la primera. Yo decidí no ser parte de eso. Elegí escuchar a todos y luego opinar, por eso ahora lo hago convencida, opino sin miedo. ¿Hiciste eso tú? ¿O dejaste que pensaran por ti? ¿Te quedaste en el discurso emocional? ¿O te diste el trabajo de formar una opinión propia? Piénsalo, no es tan difícil.
Mientras tanto, yo me aseguraré de hacer algo para que las cosas cambien, para que la gente piense, para que reaccionen. Nos enseñaron que las cosas son de cierta manera, pero no tenemos por qué comernos el cuento; ni tampoco los adultos del futuro. ¿Por qué voy a dejar que otros niños sean educados así? Yo no pedí serlo. Yo quería la verdad y no me la dieron, la encontré sola. No sé qué piensas, no sé si tienes hijos; pero sé que a los míos les voy a decir la verdad: el sacrificio es parte de la vida, y las mejores cosas implican renuncias y compromiso. Si no eres capaz de asumirlo no es mi problema, solo te invito a que lo hagas. Y mientras decides, yo trabajaré.
Marisol.

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